FARMACIA OLAIZOLA

ESTUDIO 17

Uxoa Olaizola tiene preciosos recuerdos de su niñez… y se acuerda como si fuera ayer cuando ayudaba a su abuelo, Juan José Olaizola, en su entrañable rebotica de Zarautz, una pequeña farmacia que este hombre abrió en 1907. Era una de esas reboticas de antaño, donde no había casi medicamentos y casi todo se hacía en el laboratorio, pero sin química, tan solo con puro mimo artesanal. Era la vocación de servicio en pro de la salud que tenían grandes hombres como su abuelo, al que admiró desde niña y al que siempre admirará.

Uxoa Olaizola ya no es esa niña, sino la propietaria de Farmacia Olaizola, situada en José María Salaberría, 29. En el momento en que se puso al cargo de su propia farmacia, tuvo una idea muy clara: sería una farmacia, ante todo, con una gran vocación asistencial que siguiera los pasos de su abuelo.

Hoy por hoy, Uxoa es una mujer a la que le sigue apasionando su trabajo; viene todos los días a su farmacia en bicicleta, para encontrarse con sus clientes, y aconsejarles conforme a su filosofía farmacéutica: no tan química…a poder ser más natural. Ella es la tercera generación de una familia de farmacéuticos, no es de extrañar que siempre la haya encantado este campo profesional, desde luego que la vocación le viene de familia.

Colaboradores: Estudio 17

Uniformes: Elena Saldaña

Entrevista: Gemma Garbizu
Fotografía: Marian Etxebeste
Grabación de vídeo: Jon Borrego
Coordinación: Laura Manjarrés
Edición y postproducción: Filtro Creativo

MAKING OF

Hola Uxoa, cuéntanos más cosas acerca de esa farmacia que tenía tu abuelo en Zarautz, debía ser totalmente diferente a las farmacias de hoy en día…

Nada que ver. En tiempos de mi abuelo, las farmacias eran muy artesanales. Él era de Zumaia, y todos sus hermanos tenían profesiones liberales, que no era muy habitual en aquellos tiempos: uno era médico, otro era compositor y él decidió ser farmacéutico. Recuerdo perfectamente cada rincón de su rebotica, con ese olor a alcohol que impregnaba todo el ambiente. De pequeñas a mi hermana Carlota, que también es farmacéutica, y a mí nos encantaba salsear, ayudar a mi abuelo a hacer los sellos, las papeletas de ácido salicílico… Mi abuelo nos contaba cosas tan curiosas cómo que antiguamente se curaban los hematomas con sanguijuelas que guardaban en un tarro de cristal. Todo lo hacía de forma artesanal: los supositorios, las cápsulas, las píldoras… era fascinante.

Era una farmacia con mucha vocación asistencial por lo que cuentas…

Era totalmente asistencial, por aquella época no había ambulatorios y muchas personas al encontrarse mal acudían a la farmacia de mi abuelo. Hay cosas que se me han quedado grabadas, como aquel día que vino un señor que se había cortado la mano… la llevaba en una caja de zapatos que traía consigo, ¡imagínate el panorama!

Tu abuelo tenía mucho conocimiento imagino…

Muchísimo, tenía un gran conocimiento sanitario y solía trabajar mano a mano con el médico: recuerdo al médico de Zarautz estar muy a menudo en la casa de mi abuelo donde estaba la rebotica. Existía una gran relación entre farmacéuticos, médicos, enfermeros y practicantes en beneficio del paciente. Mi abuelo vivía encima de la farmacia y muchas veces le llamaban en plena madrugada: a las dos, tres, cinco de la mañana… para que recomendara algún remedio a alguien, incluso a “esa vaca” que había enfermado (era el medio de subsistencia del casero y había que hacer lo posible por curarla).

Tu padre también es farmacéutico, ¿no Uxoa?

Sí y cuando mi padre adquirió otra farmacia en Zarautz, ya habían cambiado mucho las cosas en este sector. Habían surgido las penicilinas, los corticoides, las vitaminas… La de mi padre era ya una farmacia más parecida a las actuales.

En esa época de cambio, ¿tu abuelo seguía teniendo su farmacia?

Sí, y tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos, porque llegó el boom químico donde se pensaba que todo se curaba con esos procedimientos y se llegó a infravalorar ese campo más natural, como el de las plantas curativas que tanto había aplicado mi abuelo. Pero mi abuelo nunca abandono su filosofía, aunque por supuesto respetando los adelantos farmacéuticos. Su padre, que era sastre, murió de tuberculosis poco antes de que se comercializara la penicilina (mucha gente de Gipuzkoa, sobre todo de la costa, murió de esa enfermedad), y él se apenaba mucho de que no se hubiera descubierto antes.

Antes de tener esta Farmacia en San Sebastián, te hiciste cargo de la de tu abuelo, ¿no?

Sí, mi padre era hijo único y tenía su propia farmacia. Nosotros éramos cuatro hermanos pero solo mi hermana Carlota y yo éramos farmacéuticas, así que nos hicimos cargo de su farmacia.

¿Cómo afrontasteis el nuevo reto?

Al principio fue un pequeño shock, yo había estudiado farmacia en Sevilla, Óptica en Barcelona y Ortopedia en Francia; mis padres han tenido muchísima inquietud por nuestra educación y hemos estado mucho fuera: internas en Francia, ampliando estudios en el extranjero… Al hacernos cargo de la farmacia, teníamos claro que queríamos mantener ese estilo de hacer las cosas de nuestro abuelo, donde no se trata de dispensar un medicamento, se trata de mucho más.

Uno de los campos que más dominas a nivel profesional es el de la homeopatía, ¿cómo descubriste este campo?

Entré en la homeopatía de forma casual. En la farmacia en Zarautz, había gente que nos pedía unos “tubitos de gránulos”: se trataba de homeopatía. Era gente que había estado al otro lado de la frontera y los habían adquirido allí. En Francia y en países como Alemania la homeopatía se había desarrollado muchísimo, pero en España, en la época del Franquismo, se había eliminado por pensarse que este campo estaba relacionado con masonería o algunas cosas extrañas. Antes del franquismo había habido en España grandes homeópatas y un hospital de homeopatía magnífico, el San José en Madrid, pero con el franquismo hubo una involución de cuarenta años.

¿Y qué hicisteis ante esas peticiones que os hacían?

Siempre he sido una persona curiosa, así que me interesé por ello y mi hermana y yo comenzamos a investigar dónde nos podíamos formar en ese campo; en España no había formación reglada de homeopatía, pero nos enteramos de que podíamos hacer la especialización en Burdeos. Sin embargo, ocurrió que los profesores de Burdeos querían volver a introducir la homeopatía en España así que iban a comenzar a impartir cursos de formación en Madrid, y tuvimos la suerte de entrar en ese grupo en el momento preciso.

¿Por qué piensas que fue una suerte?

Porque en ese momento, yo no era consciente del nivel de los profesores que venían a darnos la formación. Se trataba de Jacques Jouanny: una eminencia en este campo, muchísimos libros de Homeopatía están basados en su conocimiento. Recuerdo que estando en el curso le pregunte: ¿cuál es el mecanismo de acción de la homeopatía? Me contesto: “se desconoce”. Yo que estaba bastante escéptica, que venía de un mundo opuesto donde en todos los estudios había molécula, ¿creería en ello? Y mira si terminé creyendo, ¡¡completamente!! Ese hombre me transmitía algo, se veía que sabía muy bien de lo que estaba hablando y desde luego no se equivocaba.

¿Recuerdas tus primeras recomendaciones de Homeopatía a pacientes?

Recuerdo perfectamente el primer caso. Vino una depiladora a la farmacia de Zarautz, a su pareja se le había derramado cera hirviendo en todo el brazo. Le dije que podía darle bien una pomada convencional o bien un remedio homeopático de Apis y Belladona; no le podía asegurar que le fuera bien pero pensaba que sí. Ella optó por la receta homeopática, y le pedí por favor que me comentara si a su pareja le había ido bien.

¿Y qué pasó?

Esa misma tarde vino a darme las gracias y me comentó que le había funcionado de maravilla: la quemadura había mejorado muchísimo, no se le había levantado la piel y no le había salido ampolla.

¿Fuisteis de las pioneras en España?

Si, había muy pocas farmacias con homeopatía: una en Murcia, otra en Barcelona, y otra era la nuestra. Profundizamos mucho a nivel de estudios en este campo, de hecho sigo formándome continuamente y mis libros de cabecera son de homeopatía (risas).

¿Piensas que ha habido mucho abuso de medicamentos químicos?

Yo soy farmacéutica, no diagnostico: eso es una labor exclusiva de los médicos, como tiene que ser. Pero me ocupo de las pequeñas patologías para no saturar los ambulatorios, la farmacia es el primer punto de entrada en el ámbito de la salud: un resfriado, una verruga… hay cientos de casos en las que no vas al médico, acudes a la farmacia a que te recomienden algo. Si no remite o se repite es entonces cuando vas al médico. Y sí, opino que ha habido un gran abuso de medicamentos químicos; antes se daban antibióticos incluso para una gripe, muchísimas cortisonas… y sin receta médica. Y eso que en Gipuzkoa hemos sido un referente a la hora de no dar ciertos medicamentos sin receta médica.

A media mañana dejamos la Farmacia Olaizola y acompañamos a Uxoa al Real Club Náutico de San Sebastián. A Uxoa le apasiona nadar y después del trabajo, si el tiempo acompaña, viene a este club para ponerse su traje de baño y lanzarse al agua para recargar pilas.

En Farmacia Olaizola abogáis más por tratamientos naturales, ¿no?

Yo opino que hay que intentar ir de menos a más a la hora de recomendar; hay que procurar no saturar a las personas con tanto componente químico. Si el propóleo por ejemplo va bien para la garganta inflamada ¿por qué no recomendarlo antes que acudir al ibuprofeno? Pero estamos en un mundo en la que todo lo queremos para ya, curarnos la garganta también, cada vez somos más impacientes…

¿Cuándo te trasladas de la farmacia de Zarautz a la de Amara, Uxoa?

Estando en Zarautz, mi hermana y yo queríamos tener nuestras propias farmacias. Mi hermana adquirió una en Bilbao y yo me quedé en Zarautz hasta que me surgió la oportunidad de adquirir la de José María Salaberría, 29, ya que la anterior propietaria se jubilaba. Cuando tenía la farmacia en Zarautz, yo vivía en San Sebastián y hacia cuatro viajes diarios; tenía hijos pequeños y era mucho lío, así que me decidí: en 2007 traspasé la farmacia de allí y adquirí la de aquí… y cambié el coche por la bici. De hecho fui a la feria de Munich a por medicamentos y me vine con dos ¡¡aparcabicis!! que puse fuera de la farmacia… qué felicidad dejar el coche aparcado en casa.

Has mencionado a tus hijos… ¿cuántos hijos tienes?

Tuve cinco hijos en siete años y lo compaginé como pude con mi trabajo en la farmacia Te confesaré una cosa: las guardias en Zarautz eran mil veces más agradecidas que las guardias nocturnas en mi casa (risas)

Háblame de la filosofía profesional de tu Farmacia, si algo me ha llamado la atención de Farmacia Olaizola, es la inmensa cantidad de servicios que ofrecéis al público.

Estamos muy especializados en todo el concepto natural. Ahora está muy de moda pero nosotros ya llevamos muchos años poniéndolo en práctica. Intentamos en la medida de lo posible no recurrir al fármaco. Hay gente a la que le gusta el mundo natural y gente a la que no, y yo lo respeto totalmente, pero hay otros medios como la fitoterapia (ese maravilloso mundo curativo de las plantas que mi abuelo tanto dominaba), la aromaterapia, los complementos dietéticos naturales o las sales de Schüssler, que pueden ser muy eficaces en algunos tratamientos.

¿Y los laboratorios que lo fabrican son muy fiables?

Por supuesto, son laboratorios que utilizan las mismas técnicas que los laboratorios químicos, así que son eficaces. Cada vez se está volviendo más a lo natural, la sociedad lo demanda. En Gipuzkoa tenemos un concepto de farmacia más natural e integrativa; se trata de no excluir, sino de incluir y añadir en pro de curar. Por eso desde hace veinte años no damos ciertos medicamentos sin receta médica, siendo pioneros en esta filosofía.

Volviendo a los servicios… creo que es difícil que me cuantifiques cuántos son.

Te diré que son pocos para los que yo quisiera. Afortunadamente cuento con un equipo de doce personas con una formación y unas inquietudes estupendas. Se forman continuamente y me ayudan a ofrecer a nuestros clientes un asesoramiento lo más personalizado posible. Tratamos de resolver el problema de cada cliente y eso requiere tiempo, nuestra labor debe ser por encima de todo asistencial, siempre damos un consejo higiénico/dietético al recomendar porque se trata de que la persona no se vuelva a enfermar: intentamos cambiar los hábitos de alimentación si no son adecuados o aconsejar que se camine más si se tiene problemas circulatorios, por ejemplo. A los médicos chinos se les suele decir: no te pago para que me cures, te pago para que no enferme.

Sois casi todas mujeres…

La verdad es que sí, pero también tenemos a Ander, ¡¡guapísimo!! Todas las chicas lo tienen más que consentido (risas)… y ahora tenemos a un estudiante de prácticas que también es estupendo.

¿Piensas que los servicios deben ser personalizados?

Sin ninguna duda, cada persona es un mundo y muchas veces no enfermamos solo por circunstancias químicas, también emocionales. Muchas enfermedades son psicosomáticas: puedes tener una caída de pelo por estrés, o molestias en el estómago por un disgusto que te ha dejado huella por ejemplo.

Has mencionado las Sales de Schüssler, ¿en qué consisten?

Son una maravilla, hice un curso con Kepler y profundicé en estos estudios. Las sales de Schüssler son doce sales minerales que contribuyen a equilibrar y regular las posibles alteraciones en la distribución y absorción de los minerales que se pueden dar en el organismo durante el desarrollo de una enfermedad. Por una enfermedad puedes tener carencia de minerales en el organismo; las sales de Schüssler resultan una buena alternativa para complementarlo. Además estas sales también sirven para curar ciertos problemas de salud.

Y también son importantes los complementos dietéticos naturales…

Existen grandes carencias de muchos nutrientes: porque los cultivos están a falta de magnesio y los frutos se recogen antes de que maduren y no contienen las vitaminas necesarias… Son pequeños microdéficits que pueden terminar generando ciertas enfermedades en el organismo. Y por supuesto, la alimentación es fundamental, hay que diversificar la dieta y aportar los nutrientes que te faltan: este es otro campo que me gusta mucho.

Hablando de alimentación, tenéis una marca de tarros infantiles Bio, ¿no?

Los laboratorios con los que trabajamos deben ser coherentes con nuestra filosofía. No nos engañemos, se tiende mucho a decir que los productos son Bio cuando muchos no lo son. Todo no puede ser natural al cien por cien, es imposible, pero por lo menos hay que intentar que sea lo más natural posible. En el caso de los tarritos infantiles son realmente BIO. Antes los traíamos de Alemania pero ahora los traemos de una empresa de Alicante y en su día esta empresa me dijo que teníamos que esperar a tenerlos porque aún no habían madurado las plantas: ¡¡sí que eran Bio!!

Otro campo de especialización es la biocosmética, tenéis una amplísima gama de productos…

Sí, y todos comparten nuestra filosofía de una fabricación lo más natural posible. Puede costar encontrar productos sin aceites minerales, pero por lo menos ya han quitado los parabenos. Si una clienta quiere usar aceite mineral para su bebe yo lo respeto, pero pienso que antes de eso es mejor el aceite vegetal, el de oliva por ejemplo.

Y también hacéis muchas campañas sanitarias…

Las campañas también son muy importantes dentro de los servicios que ofrecemos en nuestra farmacia, al igual que las charlas que solemos organizar trayendo a diferentes ponentes para hablar de temas interesantes. Hace poco hemos hecho la campaña cardiovascular y pronto vamos a hacer una campaña de permeabilidad intestinal, que es un tema importantísimo a tener en cuenta a la hora de prevenir muchas enfermedades.

¿La permeabilidad intestinal?

Sí, acabo de estar en un congreso y he venido enamorada de las ponencias que se han dado. Existe un gran problema de permeabilidad intestinal en muchas personas, se piensa que si vas al baño a diario es porque estás bien y no es así. Es muy importante que vigilemos el intestino y las heces que depositamos. En el intestino están el ochenta por ciento de nuestras bacterias beneficiosas que nos protegen contra las enfermedades, hay que cuidarlo.

Pasas muchísimo tiempo en la farmacia, y tu trabajo te apasiona, pero ¿que más te gusta hacer?

Me encanta nadar, ¡¡me da vida!! De mayo a octubre intento nadar en la playa a diario, voy al mediodía cuando salgo de la farmacia. Me voy nadando hasta la isla o cojo la piragua. A veces nado sola y a veces con un grupo de personas, pero saben nadar mucho mejor que yo: yo soy de Zarautz y, como solemos decir, en Zarautz no sabemos nadar, solo coger olas (risas).

Hablando de nadar, hemos querido hacer parte de este reportaje en el Club Náutico de San Sebastián, del que Uxoa es socia, aunque ya no va tanto, porque ahora vive en Ondarreta y para ella es más sencillo nadar en esa playa, está más cerca de su casa.

¿El Náutico de San Sebastián también te trae recuerdos, Uxoa?

¡¡Muchos y muy agradables!! Cuando vivía en el centro descubrí este maravilloso lugar que me permitía nadar en una zona privilegiada y después ducharme y arreglarme para volver a la farmacia. Aquí hasta en febrero puedes tomar el sol sin pasar frío; me río yo de Marbella, cuando aquí sale un día radiante y tomas el sol con semejantes vistas. Y ahora, por fin, mi marido se ha animado a nadar conmigo… pero claro, ¡¡no me alcanza!! (risas).

Uxoa nos cuenta que en este club los hombres solían tomar el sol en una zona mucho mejor que las mujeres. Por eso ella, con un grupo de amigas, empezó a ir a esa zona. Algunos hombres les ponían mala cara pero les daba igual, hacían muchas risas. Les llamaban “las sufragistas”… y es que Uxoa me dice riendo que siempre ha tenido algo de reivindicativa, debe ir en sus genes.

Muchas gracias Uxoa… y gracias a todo el equipo. ¡¡Hasta pronto!!

¡Hasta la siguiente publicación! ¡Estad atentos!

¡Nos vemos!

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