CARMEN HACHE, FOTÓGRAFA

El arte de contar historias con una sola imagen o cómo llenar de alma una fotografía. Así podría titularse la entrevista que realizamos a Carmen Hache. Porque sus fotografías son como sacadas de un cuento o un sueño del que no quieres despertar. Los colores tan bien elegidos, los escenarios, la luz… transmiten tanta belleza y naturalidad que convierten un instante en algo muy especial.

Esta vallisoletana de cuna, pero criada desde muy pequeña en Madrid nos ha demostrado en esta entrevista que sus fotos no son más que un reflejo de lo que ella es.

Cuando la conoces irradia tanta paz y sosiego que no te imaginas que, al continuar conversando con ella, puedas descubrir un mundo interior lleno de creatividad, color y vida. Inquieta, imaginativa y apasionada por su trabajo, Carmen ya se ha hecho un nombre en el mundo de la fotografía, tanto por las imágenes que realiza, como por la historia que cuenta en cada una de ellas. Ya lo dijo el fotógrafo Eisenstaedt “lo más importante no es la cámara, sino el ojo”.

Colaboradores: Una cara con ángel (maquillaje) y Coconó (tocados).

Entrevista: Magdalena Valencia
Fotografía: Carmen Hache
Edición y postproducción: Filtro Creativo

Carmen Hache.

¿Quién es Carmen Hache?

Bueno, realmente este nombre es mi marca. El apellido Hache viene de la película Martín Hache que vi a finales de los 90 y me marcó muchísimo. También es H de hijo, de mi hijo, al cual le puse un nombre que empieza por H, como no podía ser de otra manera (ríe). Por eso, me apropié el apellido “Hache” y comencé a usarlo como nick para todo: redes sociales, emails… y más tarde, cuando empecé en el mundo de la fotografía, decidí convertirlo en mi marca personal. Y tanto mis clientes como mis alumnos me conocen así.

Detrás de Carmen Hache hay también está Nana, como me conoce mi familia. Alguien cariñoso y muy sensible. Y también Carmen, a secas, madre, compañera, amiga, pareja… cariñosa y sensible. Creo que Carmen Hache inevitablemente es también así.

Carmen Hache, además imparte clases de fotografía desde hace tiempo. En tu web www.carmenhache.com mencionas que te apasiona la formación ¿Cuándo descubriste esa vocación?

De jovencita soñaba con estudiar la carrera de Bellas Artes, porque me encanta todo lo relacionado con cualquier forma de expresión de la creatividad, pero en aquella época no se entendía el arte tanto como una profesión. Por eso, años más tarde, cuando me tocó decidir, opté por orientar mi futuro a mi otra gran pasión: la educación, así que hice pedagogía.

A lo largo de estos años he dado formación, alfabetización y he hecho mucho voluntariado que tenía que ver con la educación. Entiendo la enseñanza como el acto de compartir. Ese lazo que se establece entre formador y alumno me parece precioso.

Después de tus estudios de pedagogía decidiste dedicarte a la fotografía ¿cuándo nace tu gusto por este arte?

Uy, mi amor por la fotografía viene de cuando yo era una niña y le cogía la Polaroid a mi abuelo. Ya, entonces, me encantaba inventarme historias a partir de las fotos que hacía, escribir y dibujar. Destacaba en todo lo artístico. En mi grupo de amigos era yo siempre la que llevaba la cámara, aunque reconozco que nunca me gustó hacer las típicas fotos (ríe recordando). Soy de las que va a París y no se vuelve con fotos de la Torre Eiffel, pero si se me cruza una pareja de la mano puedo hacerles cien robados.

¿Qué te inspira más a la hora de fotografiar? ¿Objetos, paisajes o personas?

Lo que más me llama la atención desde siempre es hacer retratos. Porque me permiten contar historias con mucho más detalle. Empecé a aficionarme realmente a partir de un cambio personal importante, un periodo en el que pasaba mucho tiempo sola y en el que el autorretrato fue, para mí, un aprendizaje y un impulso. Entendí que ese vínculo con la cámara era especial y enganchaba.

Reconozco que mi cabeza no deja de crear ni un minuto; un buen libro, una película o por supuesto, la música, que la tengo presente en casi todos los momentos del día. La inspiración me llega mientras conduzco, paseo, o incluso en las noches de insomnio.

Entonces, podríamos decir que eres más de retratos que de paisajes, ¿no?

Sin duda. Cuando veo una persona por la calle que me inspira tengo unas ganas locas de sacar la cámara y disparar. No sé, el paisaje no me llama tanto la atención para fotos. Prefiero disfrutarlo. A no ser que encuentre una historia en ese paisaje… ¡que las hay!

En los retratos ¿eres de las que retocan las imágenes o prefieres dejar arrugas y marcas del paso del tiempo?

Depende. Si es para moda o una portada de un disco o publicidad hay que retocar siempre. En las demás, procuro ser cada vez más natural. Esas “arrugas” son vida e historias. Mi estilo es natural, me siento cómoda así.

Soy mujer, tengo casi 50 años y me reconozco en muchas de las mujeres a las que fotografío. Conozco, de primera mano, lo que nos preocupa y asusta del paso del tiempo, lo que nos acompleja. Y siento que mi trabajo como fotógrafa de retrato no es solo hacer una foto bien encuadrada, iluminada y enfocada; es mucho más. Y hay una parte de labor psicológica de ayudar a que cada una de ellas se reconozca en las fotos. Para ello, dedico mucho tiempo al “antes” de la sesión. A conocernos, a crear un clima de complicidad, a mostrar lo bello que yo percibo, no a ocultar lo feo, al contrario. A observar y tratar de capturar la esencia de cada persona. Eso es lo que amo hacer.

Hay un punto de aceptación por parte de la persona fotografiada en la que se reconoce con sus expresiones y sus facciones y dice: ¡esa soy yo! Ese proceso es maravilloso y yo lo vi desde que empecé a ser yo la fotografiada. El precioso momento de auto reconocimiento.

Desde luego que sí. Y no todos los fotógrafos saben hacerlo ¿crees que hay mucha competencia en este mundillo?

Sí. Hoy en día todo el mundo tiene cámara, y es mucho más sencillo hacerse con un equipo y anunciarse como fotógrafo. También hay gente que ofrece trabajos de fotografía a precios muy baratos, casi de risa. Hay veces que eso preocupa, pero he aprendido a no darle importancia. Yo me centro en lo mío, entre otras cosas porque tampoco tengo tiempo para pensarlo.

Cuido mucho lo que hago, por eso, desde el principio tengo alumnos muy fieles y clientes que repiten. Lo único que me importa es hacer bien mi trabajo y ofrecer calidad. Lo difícil es mantenerse y eso lo tengo; llevo 5 años dedicándome exclusivamente como profesional, pero ya son 14 metida en el mundo de la fotografía.

Pero ahora con Instagram, parece que todo el mundo puede ser fotógrafo. ¿Qué opinas de este auge?

Hay fotógrafos que están en contra de Instagram, pero a mí me parece perfecto porque, ahora, hay mucha más cultura de la fotografía y realmente se valora más una buena imagen. Es bueno que todo el mundo quiera ver fotos. Por otro lado, para mí, Instagram es una gran plataforma donde puedo hacer publicidad de mis trabajos y, gracias a esta red social, me está conociendo mucha gente. Pasará de moda, como pasó con Flickr y aparecerá otra. A mí, todo lo que mueva arte, me parece bien. En realidad, yo quiero que haya mucha gente haciendo fotos.

Tocados de Coconó Tocados

¿Qué opinas sobre todas esas nuevas aplicaciones en las que puedes tunear las imágenes?

Bueno, siempre digo a mis clientes que no manipulen las fotos hechas por un fotógrafo porque esa imagen lleva muchas horas de trabajo detrás y ya vienen editadas. Espero que se llegue a entender alguna vez. Hace falta que se valore y respete mucho más el trabajo de los artistas. Personalmente, yo cada vez edito menos, prefiero que quede más natural. Pero esas aplicaciones, para uso personal me parecen bien. Estimulan la creatividad, al fin y al cabo.

¿Cómo es un día cualquiera en la vida laboral de Carmen Hache?

Hay dos tipos de día en mi vida: el que tengo sesión o curso o el que estoy en casa preparándolos. El curso suelo empezarlo dos horas antes con maquilladora y modelos. No me preguntes por qué, pero con cada clase que imparto me sigo poniendo nerviosa, como la primera vez, y suele ser un día muy tenso y agotador pero lleno de emociones. Si es una sesión de fotos, voy con mucho tiempo de antelación para quedar con la persona, charlar tomando un café, conocerla y, así, inspirarme. A veces hay maquilladora, estilista… ¡me rodeo de gente fantástica!

Si no tengo curso o sesión siempre tengo que organizar, hablar y conocer modelos, comprar ropa para las sesiones, localizaciones, etc. Lo mismo estoy en casa que en medio de una montaña imaginando cómo hacer las fotos. Trabajo todos los días de la semana, porque, aunque esté leyendo una novela en el sofá, no desconecto, siempre estoy creando. Realmente, ya no sé cuándo estoy trabajando o disfrutando. Incluso los días de mucho estrés (suelen coincidir con hacer facturas, jajaja) sé que esto es lo mejor que he hecho en mi vida.

Eso es que disfrutas con tu trabajo y se nota. ¿Qué es lo que más te demandan como fotógrafa?

Sorprendentemente, casi el 70% de mi trabajo del año pasado fueron cursos de fotografía. Pero después, lo más demandado son las sesiones de mujeres o de parejas. Tal vez porque sea lo que más muestro en mi web. Cuando empecé con esto hacía más bodas porque creía que era lo que más trabajo me daría, pero poco a poco la cosa fue cambiando.

Justo ahora, que hay más acceso a la fotografía, muchos empiezan a verlo como un modo de auto conocerse y guardar momentos y experiencias. Y en concreto, muchas mujeres a partir de los 30-40 años, edad en la que experimentamos más cambios, y necesitamos re-conocernos y aceptarnos. Son sesiones que resultan ser como una terapia para ellas. Es maravilloso. Me encanta cuando una mujer decide auto regalarse fotos, es una forma de mimarse.

Esto me ha llevado a hacer varias veces al año unos cursos que incluyen sesiones de automaquillaje y sesión de fotos. Los imparto junto a Ana Meléndez, una gran profesional y amiga personal. Es una manera de auto reconocimiento de tu cuerpo y tu cara. Tenemos que sentirnos cómodas con nuestra edad, aceptarnos. Ojo, que también las hay jovencitas o modelos que se apuntan a estos cursos.

¡Ya me están dando ganas de apuntarme a uno de esos talleres! Pero dime una cosa, ¿prefieres sesiones de estudio o exterior?

Exterior sin duda alguna. Adoro los paisajes como fondo para cualquier retrato y además prefiero la luz natural. En un estudio me veo limitada. Me atrapa la magia de la improvisación, el viento, los cambios de luz, lo natural. Todo eso en un estudio no lo tengo. Pero, en el caso de tener que hacer algún reportaje en estudio, siempre acabo inventando algo para que no se me haga monótono.

¿Qué luz te gusta más?

Sería feliz si todas las sesiones pudieran ser en días con niebla. Pero como eso es imposible elijo la luz de los atardeceres. La del amanecer es preciosa también, pero, por tema de horarios y teniendo en cuenta que me lleva varias horas antes el preparar todo, es complicado trabajar a primera hora de la mañana.

¿Blanco y negro o color?

¡Color! Me encanta el blanco y negro, pero con el color me expreso mejor y es un toque característico de mi trabajo, por lo que se me conoce. Además, ¿te cuento un secreto? Soy muy maniática con esto. Miro mucho el color de la ropa y el del fondo y si no pegan, no hago la foto. Tiene que ir todo combinado en mi vida, no solo en la fotografía. Estudié diseño de moda cuando acabé después del colegio y antes de estudiar pedagogía. Y el tema del color se me ha quedado grabado (ríe).

¿Te gustan los retos? ¿Si te piden algo descabellado lo harías?

¡Sí!, ¡Adoro meterme en retos que me saquen de mi zona de confort! Pero, en el trabajo, me tiene que gustar visualmente lo que voy a hacer. Por ejemplo, me encanta trabajar con músicos porque las sesiones para hacer sus portadas son todo un reto. Se trabaja de otra manera. Tengo la suerte de recibir propuestas de cosas disparatadas o que me hacen estudiar e investigar, y eso me divierte muchísimo.

¿Hay algo que no fotografiarías nunca?

Me incomoda muchísimo la violencia. No podría escenificar algo violento, y siempre que veo alguna fotografía de algo relacionado con ello, como los conflictos o guerras me doy cuenta de que yo no podría, aunque reconozco que el trabajo de un reportero me parece súper interesante. Y, por supuesto, tampoco haría ninguna foto que denigrase a la mujer o al hombre. Nunca. Y me duele que se hagan.

Y ahora que has encontrado tu sitio en el mundo de la fotografía ¿volverías a hacer fotos de bodas?

Solo hago bodas para amigos o para gente que viene a través de conocidos. Eventos donde emocionalmente me implique. De hecho, este año voy a varias. Me lo paso bien con una cámara captando los momentos más especiales, ya que los novios no ven lo que pasa durante esas horas. Al final se trata de guardar ese día de un modo emotivo y auténtico. Intento buscar sus fotos, sus momentos, por encima de los que “solo” queden bien. Una boda es una experiencia y formar parte de ello es muy especial, por eso, necesito tener alguna implicación emocional.

¿Cuáles son tus referentes en fotografía?

Aunque suene a tópico, Henri Cartier-Bresson. De hecho, su libro “Fotografiar al natural” lo tengo siempre cerca. Es cierto que hay que aprender de los grandes. Es maravilloso entender su proceso. Ahora, a mi manera, me doy cuenta de que yo provoco la foto, y me detengo a esperar “ese instante decisivo” del que él hablaba. Ese segundo en el que debo apretar el botón.

¿Qué imagen te ha impactado?

No te sé decir una sola fotografía. Cada día hay alguna nueva. Puedo decirte una fotógrafa que me impacta: Laura Makabresku. La descubrí hace unos años y me fascina la capacidad que tiene de contar historias con una sola imagen; porque cada foto suya es una historia que cuenta con, por ejemplo, una mano, una caricia, una sombra… es fascinante. No necesita rostros para transmitir.

Ahora impartes clases de fotografía, estás uniendo tu vocación con tu pasión ¿Cómo te sientes cuando ves que tus alumnos obtienen buenos resultados?

Para mí es lo más bonito que me ha pasado. Ver su evolución, que mejoran, que repiten. Algunos venían del mundo de los paisajes y ahora se han quedado aquí, enganchados al retrato. Sobre todo, me quedo con los alumnos que se apasionan. Esos son los que me animan a seguir donde estoy y a dar más peso a la formación de fotografía que a las sesiones de fotos.

¿Cada cuánto tiempo sueles dar un curso?

Casi todos los meses hago alguno. Hago dos o tres grupales al mes, y los individuales a petición. Además, dos veces al año hago un retiro en la selva de Irati en torno a un tema concreto que cambia cada vez. Estamos tres días en una casa rural, hay sorpresas con gente que va a exponer y a dar charlas. Esto tiene mucho éxito. Es mi pequeño gran tesoro.

Y este año voy a lanzarme con un nuevo proyecto, que para mí es un gran reto: cursos online. Esto es lo que me tiene ahora enredando en casa. Estoy deseando poder llegar de otro modo y a más gente, compartir. Ojalá pueda ver la luz pronto.

Queda claro que eres una mujer muy creativa. Ya, por último, cuéntanos eso de que eres aprendiz de escritora.

He escrito siempre, desde que era pequeña. Me encantan los detalles de cada historia. Eso es lo que me engancha. Cuento siempre momentos. Hace 10 años hice un curso de escritura creativa bastante extenso. Pero ahí me pasó una cosa: ¡me corregían los puntos suspensivos y me los quitaban! Así que ahora tengo un blog que se llama “mis puntos suspensivos”. Siento que las historias siempre están por terminar, que son momentos concretos que cada uno debe interpretar a su modo. Así también son mis fotografías. Raymond Carver es uno de mis referentes en relato corto. Llevo tiempo queriendo juntar mis historias y meterlas en un libro.

Carmen Hache.

Me despido de Carmen Hache con la sensación de haberme quedado con muchas cosas en el tintero y con ganas de otro café… doble, para poder seguir charlando y conocer no solo a Carmen Hache, fotógrafa, si no a Carmen, esa persona con tanto talento.

Muchísimas gracias por tu tiempo Carmen.

¡Hasta la siguiente publicación! ¡Estad atentos!

¡Nos vemos!

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